Luisa Preciado, ingeniera de sistemas de la Universidad Libre, marca un hito al convertirse en la primera estudiante apoyada por la Fundación Zoraida en culminar su formación profesional, evidenciando el impacto transformador de la educación y el acompañamiento integral.
La Fundación Zoraida celebra un logro que trasciende lo individual y se convierte en un símbolo de oportunidad, esfuerzo y transformación social. Luisa Preciado, beneficiaria de la beca Ángela Gómez Kopp, se graduó como ingeniera de sistemas, convirtiéndose en la primera becada de la Fundación en alcanzar este hito académico.
Recibir esta beca significó para Luisa mucho más que un apoyo económico. Fue, en sus palabras, “un acto de confianza que transformó mi vida”, una oportunidad que le permitió creer en sí misma y abrir las puertas a una nueva etapa académica y personal. Este respaldo no solo impactó su camino, sino también el de su familia, al brindarles la tranquilidad de saber que podría cumplir su sueño de convertirse en profesional.
La beca Ángela Gómez Kopp hace parte de una iniciativa que ya ha impactado a 14 niñas, quienes hoy avanzan en su educación superior en universidades como la Universidad de los Andes, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Sergio Arboleda, Universidad Militar Nueva Granada, a Salle, entre otras, ampliando sus oportunidades y construyendo nuevos futuros.
Su paso del Colegio Zoraida, ubicado en Madrid, Cundinamarca, a la Universidad Libre en Bogotá representó un cambio significativo. De un entorno cercano y seguro, pasó a enfrentarse a nuevos retos en una carrera altamente exigente y con predominancia masculina. Sin embargo, el acompañamiento constante de la institución fue clave para su proceso de adaptación, permitiéndole avanzar con confianza y determinación.
Durante su formación, Luisa enfrentó desafíos propios de la vida universitaria: exigencia académica, presión, momentos de duda y cansancio. Aun así, logró superarlos gracias a su disciplina, resiliencia y al apoyo de quienes creyeron en ella. “Hubo momentos en los que no sabía si iba a poder, pero aprendí a no rendirme y a recordar siempre por qué empecé”, afirma.
Hoy, su graduación representa una mezcla de alegría y nostalgia, al cerrar una etapa que marcó profundamente su vida. Convertirse en la primera becada en lograrlo es para ella motivo de orgullo, pero también un compromiso: demostrar que sí es posible y abrir camino para otras jóvenes.
Desde la Fundación Zoraida, este logro reafirma el propósito de seguir impulsando oportunidades educativas que transformen vidas y potencien el talento de las nuevas generaciones.




