El acceso a financiación continúa siendo uno de los principales desafíos para que las microempresas puedan crecer, formalizarse y generar nuevas oportunidades. Una reciente radiografía del mercado de microcrédito en el Valle de Aburrá, en Antioquia, evidencia esta situación: aunque durante 2025 los desembolsos aumentaron, el número de operaciones y de clientes atendidos disminuyó, mostrando una mayor concentración del crédito en negocios consolidados y con mejores condiciones de acceso.
El análisis, realizado por el Centro de Estudios de la Empresa Micro (CEM), encontró que durante 2025 se desembolsaron $809.041 millones en microcrédito en los municipios de la subregión, un 18,9% más que el año anterior, mientras que el número de operaciones cayó 3,6%. Al mismo tiempo, los clientes activos se redujeron 11,8%, hasta llegar a 1.035.054 personas, mientras la cartera vigente alcanzó los $10 billones. Estas cifras muestran una paradoja: se movilizaron mayores recursos, pero llegaron a menos empresarios.
Aunque el comportamiento corresponde al Valle de Aburrá, el fenómeno plantea una conversación relevante para el desarrollo de la microempresa en Colombia: cómo garantizar que el capital productivo llegue también a los negocios más pequeños y a quienes todavía están avanzando en sus procesos de formalización. De acuerdo con la Encuesta de la Empresa Micro, el 46% de los empresarios consultados considera que un acceso adecuado al crédito es la principal herramienta que necesita para formalizar su negocio
La experiencia de los territorios también demuestra el impacto que puede tener un acceso oportuno y acompañado a financiación. En Girardota, Antioquia, Roberto Correa ha construido durante dos décadas Finca Las Llantas, un complejo recreativo y de alojamiento que ha apalancado su infraestructura y operación con 19 créditos consecutivos de Interactuar. En Medellín, Ángela María Jaramillo encontró en la financiación una alternativa para adquirir el inmueble donde hoy funciona Veterinaria El Playón, un negocio que genera ocho empleos formales.
Estos casos muestran que el crédito productivo puede convertirse en una herramienta para fortalecer capacidades, ampliar infraestructura, generar empleo y avanzar hacia la formalización cuando responde a las necesidades reales de los empresarios. Por eso, Juan Miguel Giraldo, coordinador del CEM, plantea la necesidad de desarrollar mecanismos de financiación más sencillos y accesibles, con plazos acordes con la destinación de los recursos, esquemas de tasas más claros y educación financiera que acompañe la entrega de capital.
Cerrar esta brecha requiere una mirada que trascienda las particularidades de cada territorio. Facilitar el acceso al microcrédito productivo significa fortalecer a millones de unidades económicas que generan ingresos, empleo y oportunidades en las comunidades. Los resultados del Valle de Aburrá ponen sobre la mesa una conversación que puede ser útil para todo el país: si queremos que más microempresas se formalicen, crezcan y permanezcan, el acceso a financiación debe estar acompañado de condiciones que entiendan su realidad y de herramientas que les permitan convertir el capital en desarrollo.

