Este año, el Colegio Huellas de la Esperanza dio un paso que va mucho más allá de la incorporación de una nueva tecnología: puso en marcha su primera Granja Solar, conformada por 40 módulos de paneles fotovoltaicos que desde ahora generarán energía limpia para toda la comunidad educativa en Malambo (Atlántico).
La iniciativa representa un avance significativo en materia de sostenibilidad ambiental y eficiencia energética, al tiempo que se convierte en una poderosa herramienta pedagógica para estudiantes, docentes y familias. Gracias a este sistema, el colegio reducirá su dependencia de fuentes de energía convencionales y fortalecerá su compromiso con la construcción de un futuro más responsable con el medio ambiente.
Pero el impacto del proyecto va más allá de los beneficios energéticos. La Granja Solar se ha convertido en un aula abierta donde los estudiantes podrán conocer de primera mano cómo funcionan las energías renovables, comprender la importancia de la transición energética y reflexionar sobre las acciones que cada persona puede emprender para contribuir al cuidado del planeta.
Cada panel instalado simboliza una apuesta por la educación transformadora. En un contexto donde los desafíos ambientales exigen respuestas concretas, el colegio busca formar ciudadanos conscientes, capaces de liderar cambios positivos en sus comunidades y de entender la sostenibilidad como una práctica cotidiana.
«Ver a nuestros estudiantes aprender junto a los paneles solares que ellos mismos van a aprovechar es la imagen más clara de lo que buscamos en Fundación Acesco: comunidades que se transforman desde adentro, de forma sostenible y con propósito», afirmó Marcela Contreras Escobar, Directora General de la Fundación Acesco, organización que opera el Colegio Huellas de la Esperanza.
La puesta en marcha de la Granja Solar hace parte de una visión institucional que integra la innovación, la educación y el desarrollo sostenible. A través de proyectos como este, el colegio busca inspirar a las nuevas generaciones a convertirse en agentes de cambio, demostrando que las soluciones a los grandes retos globales también pueden comenzar desde las aulas.
Con esta iniciativa, el Colegio Huellas de la Esperanza se consolida como un referente educativo en la región, evidenciando que la formación académica y el compromiso ambiental pueden avanzar de la mano para construir comunidades más resilientes, conscientes y preparadas para el futuro.
Con esta iniciativa, la institución proyecta generar 30.072 kWh de energía limpia al año, evitar 6,54 toneladas de emisiones de CO₂ anuales y alcanzar un impacto equivalente a la captura de carbono de aproximadamente 109 árboles urbanos. Huellas de la Esperanza demuestra que construir el futuro no es solo una promesa: es una decisión que se toma hoy, panel a panel, generación a generación.




