30 noviembre, 2020
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Opiniones

Una recuperación incluyente.

Por: Juan Camilo Cock M. – Director Ejecutivo Fundación Alvaralice

El impacto del COVID-19 ha sido doble. En términos de salud ha traído complicaciones graves para la población y la muerte de una minoría de quienes se contagian del virus, en especial personas mayores y otras personas con algunas preexistencias médicas. La velocidad con la que se propaga el virus ha puesto en aprietos al sistema de salud para poder atender a quienes tienen complicaciones por la enfermedad. En términos económicos, las medidas adoptadas para frenar la velocidad de propagación del virus, entre ellas el aislamiento obligatorio y el cierre de actividades que implican aglomeraciones, han generado la mayor crisis económica en décadas.

En ambas dimensiones, han resultado afectados de forma desproporcionada aquellos grupos poblacionales que históricamente han sufrido mayor exclusión y pobreza. Para el caso de Cali, como en otras ciudades, los barrios con el mayor números de casos positivos están ubicados, en su mayoría, en las comunas del oriente, aquellas con mayores niveles de pobreza y exclusión. A nivel nacional, para el mes de mayo del 2020 el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) registró casi 5 millones menos de personas ocupadas que en el mismo mes hace un año, una reducción de casi una quinta parte en el número de ocupados. La tasa de desempleo se ubicó en el 21%. El impacto en pérdida de empleos fue más pronunciado en la población joven, en mujeres y en personas con un bajo nivel educativo. Es decir que el impacto económico, aun cuando ha sido generalizado, se ha sentido con mayor fuerza entre aquellos que históricamente han estado más excluidos.

Los indicadores de junio muestran una leve mejora y el Gobierno Nacional ha adoptado medidas para complementar los ingresos de la población más pobre y proteger el empleo. También se están tomando medidas para reactivar la economía y mitigar los impactos negativos de la crisis. A pesar de esto, a medida que se vaya dando la recuperación económica es importante buscar la forma en que la recuperación sea incluyente. Un riesgo presente es que la recuperación beneficie a algunos sectores y que deje atrás a otros, en especial a aquellos históricamente excluidos y quienes han sido más golpeados por la crisis.

En este contexto, programas de empleabilidad como “Rumbo Joven” que la Fundación Alvaralice implementa desde el 2014, tendrán una relevancia acentuada. En primer lugar, debemos buscar que las poblaciones más vulnerables cuenten con las capacidades y habilidades requeridas por el mercado laboral en aquellos sectores que se vayan recuperando con mayor fuerza. En segundo lugar, es necesario trabajar con empresarios y otros empleadores para insistir en la importancia de incluir a jóvenes, mujeres, población con menor nivel educativo y población étnica en sus procesos de vinculación laboral.

Rumbo Joven” precisamente trabaja con estas poblaciones; está enfocado en población joven, la mayoría de ella ingresando al mundo laboral por primera vez, y de sectores de la ciudad con calidad educativa deficiente. La mayoría de las personas que entran al programa son mujeres y la mayor parte de los participantes son afrodescendientes. En sus seis años de funcionamiento, más del 60% de las personas que ingresan al programa logran vincularse de inmediato a un empleo formal. Si queremos limitar el terreno perdido en la lucha por la equidad y contra la pobreza, será necesario que aquellos sectores de la población que fueron más golpeados por la crisis, los mismos que históricamente han estado excluidos, hagan parte de una recuperación incluyente.

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