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TIC y Población emprendedora

A medida que disminuye la interacción física en América Latina por las medidas de aislamiento preventivo, las tasas de desempleo de los países aumentaron sostenidamente, alcanzando niveles superiores a las de otras crisis económicas (CEPAL, 2020). En Colombia, según datos del DANE (2021), en los meses de septiembre a noviembre del 2020 la tasa de desempleo fue de 14,6% a nivel general, en una mirada por género la tasa de mujeres desempleadas fue de 19,6%; mientras que la de los hombres fue de 10,9%, evidenciando así una brecha de – 8.7% entre hombres y mujeres. En este panorama de pocas oportunidades laborales, las personas se han enfrentado a múltiples retos para mantener niveles de vida dignos, es en este tipo de contextos aparece el emprendimiento por necesidad[1] como una estrategia importante para el mantenimiento del capital económico o bien para la generación de recursos adicionales en tiempos de incertidumbre. Sin embargo, dada la creciente virtualización de muchos servicios, las personas emprendedoras por necesidad enfrentan grandes retos en lo relacionado con las tecnologías de la comunicación y su uso en las actividades comerciales y financieras.

En este contexto, la Fundación WWB Colombia, una organización no gubernamental sin ánimo de lucro que busca contribuir al cierre de brechas de desigualdad para las mujeres, consciente de los desafíos que están enfrentando los emprendimientos en Colombia, desplegó diversas estrategias de capacitación para personas emprendedoras adaptadas a las condiciones de la pandemia, a través de la creación de programas como el Plan Reactívate[2] (PR). Este programa de formación virtual tiene como objetivo promover la recuperación y reactivación de la actividad productiva de la población emprendedora en 10 municipios del Valle del Cauca que incluyen a Cali, Palmira, Jamundí y Buenaventura.

En el marco del desarrollo del Plan se levantaron datos cuantitativos y cualitativos sobre el acceso y uso de Tecnologías de Información y Comunicación, y a partir de ellos se generaron reflexiones sobre los desafíos para el uso efectivo de plataformas y equipos que enfrenta la población emprendedora. Estos hallazgos se pusieron en diálogo con información del contexto nacional y latinoamericano sobre TICs. En este sentido, este documento tiene como propósito evidenciar las brechas de acceso y uso de TIC de la población emprendedora que participó en el PR y su relación con los procesos de digitalización de los emprendimientos. Para tal fin, se expondrán datos sobre el acceso y uso de recursos tecnológicos, información relacionada con el uso de las TIC en los emprendimientos y su relación con la coyuntura actual


En relación con el acceso a recursos tecnológicos, datos del DANE (2019) evidencian que las mayores barreras de acceso las enfrentan departamentos históricamente excluidos, grupos étnicos minoritarios y personas que habitan en áreas rurales del país. Esto también lo indican las cifras recolectadas por la Fundación WWB en el desarrollo del Plan Reactívate: En Buenaventura, un municipio en el que el 83% de la población es afrodescendiente[3], se encontró que sólo el 63% de los hogares emprendedores cuenta con acceso a internet. Estas cifras contrastan con las reportadas en Cali: en la capital del Valle el 92% de los hogares de personas emprendedoras cuenta con acceso a internet, aunque sólo el 68% lo hace desde un computador, en Buenaventura sólo el 36% de la población tiene acceso a estos equipos.  Estos datos configuran un panorama que da cuenta de los retos que enfrentan tanto las personas emprendedoras para digitalizar su negocio en un contexto en el que el acceso a los equipos y a la conectividad misma son limitados, como la Fundación, que en su despliegue de los programas debe trabajar con limitaciones de infraestructura de conectividad que dificultan el acceso a poblaciones en altos grados de vulnerabilidad.

Analizados en perspectiva de género los datos de acceso y uso de tecnologías de la comunicación presentan brechas importantes a tener en cuenta. Las estadísticas nacionales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estiman que el 60% de los hombres en Colombia tienen acceso a internet, mientras que solo el 49% de las mujeres cuentan con este servicio. Sumado a esto el BID reporta que el 32% de las mujeres en Colombia no acceden a internet porque porque no saben cómo usarlo (BID, 2020).  Estas cifras entran en tensión con los datos del PR sobre población emprendedora: frente al acceso y uso de medios tecnológicos, la brecha de desigualdad de género no es tan explícita y significativa, aunque sí es prevalente. Según los datos de la Fundación WWB Colombia, mientras el 24% de los hombres emprendedores afirmaron tener altos conocimientos en uso del computador sólo el 15% de las mujeres consideraron estar en este grado de conocimiento, esta brecha del 10% se mantiene también para las habilidades relacionadas con el uso de internet y redes sociales (16% de altos conocimientos en mujeres y 26% en hombres) (FWWB, 2020). Esto puede corresponder a que la población emprendedora encuestada ya se ha egresado de otros procesos de capacitación en la organización o en otras instituciones, y ha nivelado sus conocimientos de la misma manera.

Adicionalmente, una de las diferencias más relevantes en el acceso a recursos está dada por el rango etario de las personas que participan del PR, mientras que en el segmento población de 18 y 30 años se encontró que el 67% cuenta con computador y 90% con acceso a internet, las personas mayores de 50 años tienen acceso a estos recursos en un 56% (computador) y 84% (internet) respectivamente. Según la CEPAL (2020), en Latinoamérica las personas adultas mayores son uno de los grupos con menor conectividad, así, el 54% de las personas mayores de 66 años no tienen conexión a internet. A nivel nacional esto también sucede, según datos del DANE (2021) el 30,1% de las personas adultas mayores usaron internet en el 2020, frente al 65% de las personas menores de 60 años.

Adicional a estas brechas, la población emprendedora enfrenta grandes retos para introducir el uso de las tecnologías en sus negocios, datos del Banco Mundial afirman que aunque el acceso a internet y dispositivos móviles han aumentado en América Latina, el uso de estos para aplicaciones o herramientas productivas y sofisticadas sigue estando concentrado en las grandes empresas, especialmente las exportadoras y del sector servicios (BID, 2020); esto es particularmente preocupante si se tiene en cuenta que el 99% de las firmas y el 67% del empleo en Latinoamérica se concentran en las pequeñas y medianas empresas (CEPAL, 2018).

Frente a la digitalización de los medios de pago de los negocios, se encontró en el marco del Plan Reactívate que al inicio del periodo de aislamiento el 18% de los emprendimientos utilizaba como medio de pago el efectivo y las transferencias bancarias y solo efectivo el 77% de las personas; estos porcentajes se modificaron considerablemente al final del 2020, aumentando la cantidad de emprendimientos que priorizaron como medio de pago solo el efectivo a un 91% y disminuyendo aquellos que usaban la transferencia bancaria a un 2%. Esto evidencia que, si bien durante los periodos más estrictos de aislamiento los emprendimientos contaban con medios de pago electrónicos, una vez flexibilizadas las medidas de distanciamiento la digitalización no se mantuvo.

En cuanto a los canales de venta se evidencia un pequeño aumento del uso de dispositivos tecnológicos: mientras al inicio de la pandemia el 40% de los emprendimientos tienen como canal de venta el teléfono y WhatsApp para finales del 2020 este porcentaje aumentó al 43%, de igual forma el uso de redes sociales como Facebook e Instagram, pasó de 12% a 15% en los periodos de tiempo mencionados anteriormente.

En términos generales los análisis realizados en el marco del Plan Reactívate muestran que el 78% de los emprendimientos presentan bajos niveles de digitalización en su modelo de operación, al tiempo que tienen menores niveles de ventas antes y durante la pandemia. Así, los datos evidencian una relación entre el grado de digitalización y los márgenes de ganancia: el 7% de los negocios con mayores grados de digitalización venden 2,7 veces más que los negocios con bajo grado de digitalización. Las actividades económicas que en mayor medida tienen un alto grado de digitalización son las de confecciones (19%) y la elaboración de accesorios personales (13%).

Todo lo anterior revela que, aunque el periodo de aislamiento resaltó la importancia de generar procesos de inclusión en tecnológica y propició la generación de acciones encaminadas a ello, las condiciones de desigualdad socioeconómica preexistentes dificultan que los procesos de digitalización se den de manera uniforme dadas las disparidades en el acceso y uso efectivo de las tecnologías. Aún en aquellos casos donde las organizaciones suministran internet, dispositivos móviles y acompañamiento a las personas emprendedoras los grados de digitalización no aumentan considerablemente.

Así, las apuestas para contribuir a la digitalización en los emprendimientos deberán reconocer y mitigar las brechas estructurales de acceso y uso de TIC de la población emprendedora y cómo estas determinan los niveles de acompañamiento técnico necesarios para generar una digitalización sostenible en el tiempo y que propenda por la autonomía de las personas en el uso de las TIC. En paralelo, es importante que antes de desplegar estrategias generalizadas de digitalización, se considere la pertinencia y beneficios de digitalizar los diferentes procesos de los emprendimientos para no incurrir en acciones que no ofrecen mejoras sustanciales al desarrollo del quehacer emprendedor; esto teniendo en cuenta las necesidades y particularidades de los negocios.

Elaborado por la Fundación WWB Colombia

https://www.fundacionwwbcolombia.org/ 

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[1] Se identifican dos grandes tipos de emprendimiento, Emprendimiento por Oportunidad y Emprendimiento por Necesidad que responden a factores push (usualmente negativos y relacionados con barreras que enfrentan las personas para emplearse) o pull (factores positivos relacionados con procesos de innovación y aprovechamiento de oportunidades en el mercado). De acuerdo con este modelo, las personas que emprenden por necesidad son empujadas a hacerlo porque otras opciones de empleo están ausentes o son insatisfactorias, y con ello surge un proceso de creación de empresa por defecto, sin proyecto previo, que responde a una necesidad puramente económica, para obtener un ingreso por falta de alternativas profesionales (Tessier-Dargent, 2016; Shapero y Sokol, 1982; Gilad y Levine 1986)

[2]  El plan contó con una participación de 3.269 personas donde el 87% estas eran mujeres y el 13% hombres; sus edades superan los 41 años (58%) y cuentan con un grado de escolaridad de al menos secundaria completa (78%)

[3]  Propacífico (2018). Análisis de los resultados de la Encuesta de Empleo y Calidad de Vida, Distrito de Buenaventura. Disponible en: https://propacifico.org/pacifico360/documents/academia/2019-10-03/EECV_BUN_2018_ProPacifico.pdf